LA SENCILLEZ CON PUNTO

A veces nos rodeamos de ciertas atmósferas confusas y grises, que suelen venir acompañadas por crisis tanto personales como ambientales.

Ante este caos que nos envuelve, desarrollamos una reacción natural  (debido al hartazgo de estar colgado en el limbo) que intenta descubrir ese punto que nos pueda otorgar paz mental, emocional y física.

Una de las primeras puertas que se nos abre para llegar a ese «Nirvana» es buscar y trabajar por camino directo hacia la sencillez eliminando todo aquello considerado excesivo y asfixiante.

Nuestra percepción ambiental debe de ser limpia, bien estructurada y confortable a la vez.

Si a menudo nos vemos rodeados de la exageración y ostentación (de gusto dudoso), existe también un mundo para explorar diferentes filosofías, actitudes y estilos, que nos llevan a descubrir que también existe un espacio para sencillez estética.

Algunos, lo denominan minimalismo, pero en sí, no es otra cosa que volver a la esencia, al deseo de lo sereno y al logro de la armonía. Estaríamos en el camino directo hacia el silencio de las cosas.

Uno de los deseos más reconocidos en todas las encuestas realizadas, es el de rodearse de un gran espacio abierto y diáfano que  desestructura la vivienda tradicional, diseñando, de esta manera, un oasis de silencio y orden.

Líneas horizontales y bajas, casi a ras de suelo. Ángulos rectos, color blanco, junto al gris y al negro son las tonalidades que acercan a un punto zen.

Suavidad, serenidad y orden, nada de excesos ni estridencias.

Geometría, silencio, paz, luminosidad, formas rectangulares, pureza de líneas.

Así pues, el minimalismo contemporáneo puede definirse como esencia y orden contra superfluidad y desorden. La filosofía oriental, atrae por esta misma razón al hombre actual: los haikús, la meditación, la caligrafía y los trazos chinos, el ikebana, las casas japonesas y los jardines zen…

Apostamos por las sencilles, pero siempre con punto. El punto del buen gusto.